CIUDAD RODRIGO EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA. ANTECEDENTES

Napoleón quería forzar el bloqueo continental contra Gran Bretaña, única potencia europea capaz de frenar sus ambiciones imperialistas. A pesar de las presiones e imposiciones francesas, el gobierno portugués no había hecho efectivo dicho bloqueo y sus puertos permanecían abiertos a la marina británica. Por ello, desde enero de 1807, antes incluso de la firma del Tratado de Fontainebleau, las tropas francesas cruzaron la frontera española dispuestas a emprender la invasión de Portugal.

Entre el 19 y el 30 de noviembre de ese año, el mariscal Junot, al mando del ejército francés, había conseguido rendir Portugal y la familia real portuguesa se vio obligada a abandonar el país, embarcándose en Lisboa rumbo a Brasil. Napoleón designó a su cuñado, Joaquín Murat, como virrey de Portugal.

Mientras tanto, en España, la situación en la familia real era insostenible. Los consejeros del Príncipe de Asturias, que había sido apartado de la política por el Primer Ministro de Carlos IV, Manuel Godoy, creídos que las tropas de Napoleón iban a poner en el trono a Fernando, se encargaron de exaltar los ánimos en la población civil y entre los días 17 y 19 de marzo de 1808 tuvo lugar el llamado Motín de Aranjuez. Tras el motín, Godoy fue depuesto de su cargo y Carlos IV no tuvo otro remedio que abdicar a favor de su hijo, que fue coronado bajo el nombre de Fernando VII.


Tras el motín, el rey Carlos IV pedirá ayuda a Napoleón, quien le convocará junto a Fernando en Bayona. Allí, a cambio de amplios dominios en Francia y la conservación de sus títulos, convence tanto a Carlos como a Fernando y consigue hacerse con el ansiado trono español que otorgará a su hermano José Bonaparte.

La presencia de tropas francesas en muchas de las principales ciudades españolas, junto a la alarma inducida por las noticias que llegaban de Bayona, provocarán la insurrección del pueblo de Madrid el día 2 de mayo de 1808, insurrección que fue reprimida brutalmente por los franceses y que supuso la llama que encendió la mecha de la Guerra de Independencia.

Ciudad Rodrigo, al igual que muchas otras localidades españolas, en un primer momento había acogido cordialmente a las tropas francesas, pero cuando el 9 de mayo llegan las noticias de lo acaecido en la capital española, la población comenzará a desconfiar de los franceses y reclamará medidas al gobernador de la plaza, Luis Martínez de Ariza.

En un principio se comenzarán a organizar las defensas de la ciudad pero pocos días después el gobernador ordenará que todo sea recogido, afirmando haber recibido noticias que desmentían el alzamiento y las represalias. El pueblo, descontento con las decisiones de Martínez de Ariza, se revelará en su contra y será linchado el día 10 de julio. A partir de ese momento se creará una Junta de Armamento y Defensa para coordinar la defensa de la localidad. Ciudad Rodrigo se salvará de caer bajo el dominio francés ese verano de 1808, pero se convertirá en un enclave estratégico, tanto para la marcha de las tropas francesas sobre Portugal, como para el posterior avance de las tropas británicas hacia el interior de la Península.


Siguiendo el ejemplo del pueblo español, el portugués, apoyado por una división británica, se sublevará contra Junot. Sir Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington, al mando del ejército británico, conseguirá derrotar a los franceses en la batalla de Vimeiro. Tras la firma del “Tratado de Sintra” el día 30 de agosto, las tropas francesas abandonarán Portugal. A pesar de ello, los términos alcanzados en dicho tratado no agradarán en Inglaterra y Wellesley será depuesto de su cargo. En ese momento será sustituido por el general John Moore, el cual atravesará la frontera para ayudar a los españoles en su lucha contra las tropas napoleónicas.

Perseguido por el mariscal Soult, Moore consiguió llegar hasta La Coruña, donde apoyado por el pueblo español, se defendió de los ataques franceses hasta que llegó en su auxilio la escuadra del almirante Hope. El ejército británico consiguió embarcarse rumbo a Inglaterra, pero Moore pereció en la defensa de la ciudad.

Nuevamente será sir Arthur Wellesley quien en el 1809 tome el mando del ejército británico destacado en la Península. Este insigne militar no fue capaz de comprender el carácter de los españoles y sufrió una amarga decepción al intentar dirigir a las tropas españolas: en lugar de un ejército bien formado halló multitudes tenaces y entusiastas de cara al combate pero mal equipadas, sin instrucción ni disciplina.

La recuperación de Oporto el 12 de mayo y el éxito, junto con el ejército español, en Talavera de la Reina, pusieron de manifiesto la dureza de las tropas británicas. Pero la situación volvió a cambiar en 1810 cuando Wellington y su Gabinete en Londres decidieron retirar sus tropas hacía Portugal, dejando solos a los españoles: las divergencias entre mandos civiles y militares y las diferentes estrategias entre los dos ejércitos llevaron al desastre en Ocaña, forzando el repliegue de Wellington hacia Portugal y permitiendo la invasión de Andalucía por las tropas imperiales.


Sin haber concluido la ocupación del sur de España, Napoleón emprenderá la Tercera conquista de Portugal. En un Decreto emitido con fecha 17 de abril de 1810, creará la Armeé de Portugal, al mando de la cual pondrá a uno de sus mariscales favoritos, el gran André Masséna.

La importancia estratégica de Ciudad Rodrigo ya había sido puesta de manifiesto por el mariscal Junot, cuando en la lejana fecha de 24 de mayo de 1808 había ordenado a los hombres del general Loisson que se hicieran fuertes en Almeida y enlazaran con las fuerzas del mariscal Bessieres sobre el eje Valladolid-Salamanca-Ciudad Rodrigo. Este esquema había sido roto por la expedición del general británico John Moore, que se había dirigido a Valladolid pasado por Almeida primero y por Ciudad Rodrigo casi un mes después. Un año más tarde, en octubre 1809, el mariscal Soult apremió a su compatriota Ney a sitiar Ciudad Rodrigo, estimando que la rendición de la plaza era clave para la proyectada invasión de Portugal. Después de varios intentos frustrados, será en abril de 1810 cuando comience el Sitio definitivo y esta pequeña ciudad amurallada consiga variar el curso de los acontecimientos.